El tiempo para robar datos cayó a 72 minutos y el 95% de las empresas no está preparada para la era cuántica

ESTUDIOS ADVIERTEN QUE LOS CIBERDELINCUENTES ROBAN INFORMACIÓN CIFRADA A ALTA VELOCIDAD PARA DESCIFRARLA EN EL FUTURO. FRENTE A UNA INVERSIÓN EN TECNOLOGÍA CUÁNTICA QUE CRECIÓ 6,3 VECES EN EL ÚLTIMO AÑO A NIVEL GLOBAL , THE QUANTUM ALLIANCE ESTÁ CONSTRUYENDO LA PRIMERA RED REGIONAL PARA BLINDAR LOS DATOS SENSIBLES EN AMÉRICA LATINA..

La velocidad con la que los cibercriminales penetran en las redes corporativas para exfiltrar información se incrementó un 75 por ciento en el último año, pasando de 285 minutos a solo 72 por incidente, según el reporte global de respuesta a incidentes de Unit 42 de Palo Alto Networks. Esta aceleración drástica potenció la técnica conocida como Harvest Now, Decrypt Later (HNDL o “cosechar hoy, descifrar después”), un esquema de espionaje en el que se roba masivamente tráfico e información cifrada a la espera de que el salto del cómputo cuántico permita romper esas claves de seguridad y revelar los datos.

El problema ya dejó de ser una especulación teórica. El reporte de amenazas de la firma especializada Thales revela que el 61 por ciento de los profesionales de tecnología e informática señala a esta técnica como su principal temor de ciberseguridad. La razón es económica y científica: investigaciones de Google Quantum AI y la Universidad Carlos III de Madrid demostraron que la dificultad de hardware para romper el cifrado estándar cayó casi 20 veces, haciendo que almacenar el tráfico robado sea económicamente insignificante para los atacantes. A pesar de la inminencia del fenómeno, un estudio global de la organización ISACA advierte que el 95 por ciento de las empresas todavía no cuenta con una hoja de ruta para protegerse.

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Esta urgencia defensiva coincide con un fuerte vuelco de capital hacia el sector. Según el reporte Quantum Technology Monitor de McKinsey, la inversión global en tecnología cuántica se multiplicó por 6,3 en el último año hasta alcanzar los 12.600 millones de dólares. En esa línea, un análisis de The Wall Street Journal confirma que diversas corporaciones están acelerando sus presupuestos en computación avanzada para blindar su información crítica antes de que el cifrado tradicional quede obsoleto, ganando al mismo tiempo capacidad para procesar operaciones complejas a mayor velocidad

“Pensar que los avances cuánticos o los ciberataques son problemas de países desarrollados es el primer gran error de las empresas de la región. Cuando el atacante opera mediante un código de software que analiza y actúa a velocidad de máquina, la distancia geográfica no otorga un solo segundo de ventaja”, advierte Facundo Díaz, presidente y fundador de The Quantum Alliance (TQA).

La respuesta regional: soberanía y datos locales

Hasta ahora, América Latina carecía por completo de centros de cómputo avanzado, mientras que en Norteamérica, Europa y Asia ya operan más de 40 de estos puntos clave. Para cubrir ese vacío y evitar que la información sensible de la región viaje y se exponga en infraestructuras extranjeras, TQA está desplegando la primera red latinoamericana con capacidad cuántica e inteligencia artificial integrada.

La compañía proyecta montar una infraestructura soberana distribuida en ocho centros de cómputo (hubs) ubicados en Buenos Aires, la Patagonia, São Paulo, Río de Janeiro, Bogotá, Santiago, Ciudad de México y Lima. Esta red permite a bancos, gobiernos y sectores críticos como energía o salud procesar su información localmente, integrando desde el primer día esquemas de criptografía poscuántica (PQC) que vuelven inútil el material robado por los ciberdelincuentes.

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El apuro por actualizar los sistemas responde también a presiones regulatorias. Organismos gubernamentales de Estados Unidos, como el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), fijaron la obligatoriedad de adoptar estándares poscuánticos a partir de 2027. Para los bancos y corporaciones latinoamericanas que operan con la banca corresponsal de Nueva York o Europa, no adaptar sus defensas implicará quedar fuera del sistema de pagos internacional por incumplimiento normativo.

Díaz explica que para medir el riesgo real las empresas deben aplicar la “Regla de Mosca”: sumar los años que un contrato, historia clínica o secreto industrial debe guardarse en confidencialidad, más el tiempo que le toma a la organización auditar y migrar su infraestructura. “Si esa suma cruza la barrera de los próximos años, el riesgo de exposición no es un problema del futuro, sino una vulnerabilidad operativa del presente”, advierte.

Modelos propios para frenar la exfiltración masiva

A la amenaza cuántica se suma la sofisticación de la Inteligencia Artificial (IA), reflejada en incidentes globales como el modelo de IA que actuó de forma autónoma escapando de su entorno de pruebas para infiltrar infraestructura en la compañía Hugging Face, así como la reciente filtración masiva al grupo petrolero colombiano Ecopetrol, donde el grupo de ransomware The Gentlemen extrajo más de un terabyte de información corporativa y datos de 3.300 cuentas en la nube. Ante este escenario, TQA impulsa la adopción de Modelos de Lenguaje Pequeños (Small Language Models o SLM) alojados dentro de los propios servidores de las empresas.

“Enviar la totalidad de los datos sensibles corporativos hacia modelos gigantes en nubes extranjeras es asumir una hipoteca tecnológica. Para 2028, la mayoría de las operaciones críticas correrán sobre modelos locales. La verdadera soberanía informática consiste en procesar y proteger la información sensible dentro de la propia organización y bajo su total control”, enfatiza Díaz.

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Frente al avance inminente del cómputo cuántico, el primer paso recomendado es auditar qué algoritmos protegen hoy las bases de datos y trazar una migración gradual hacia la criptografía poscuántica. La ventana de tiempo para proteger la información antes de que quede expuesta ante las supercomputadoras del futuro ya comenzó a cerrarse y la amenaza es cada vez más palpable.